¿Cómo reciclar el hormigón?

Separación y reciclaje de los residuos de hormigón

El hormigón pertenece a la categoría de los residuos inertes o de obra. Los hormigones se componen de áridos como la arena, de un conglomerante hidráulico (con mayor frecuencia el cemento) y de agua. Hoy en día existen distintos tipos de hormigón, que varían según el uso deseado. Económico y resistente, este material se ha vuelto imprescindible en el sector de la construcción. Empleado en la edificación (privada u obra civil), la vialidad y la realización de obras de ingeniería, ocupa el primer puesto mundial entre los materiales de construcción.

Aunque su formulación está regulada para limitar el volumen de sus componentes, el hormigón sigue siendo un gran consumidor de agua y de arena. Y representa el 5 % de las emisiones de CO2 del mundo. No obstante, una vez reducido a escombros, el hormigón se convierte en un material inerte fácilmente valorizable. Se estima que cada año se consumen en el mundo más de 6000 millones de m3 de hormigón en las obras y en los proyectos de construcción.

¿Cómo valorizar el hormigón?

Durante las obras de construcción de edificios o estructuras se producen importantes volúmenes de escombros, y numerosos materiales acaban mezclados. Los retos del reciclaje son, por tanto, considerables para garantizar su tratamiento en una lógica de economía circular.
Según la naturaleza y la magnitud de los trabajos o de la obra, existen 2 soluciones:

  • separación de los residuos directamente en la obra con maquinaria adaptada;
  • recogida de los escombros de hormigón por parte de empresas especializadas antes de su traslado a un centro de separación específico.

Se realiza una separación para dirigir después los residuos hacia la cadena adecuada y proceder al reciclaje de estas toneladas de hormigón. Una vez aislado del resto de los residuos, la valorización puede comenzar. En todos los casos, el procedimiento es el mismo.
Una vez separados y clasificados los residuos, el hormigón se tritura, se desferralla y se criba. Pueden aplicarse tratamientos complementarios si se desea obtener una materia final aún más pura. Tras estas operaciones, el hormigón se presenta en forma de gravilla o de escombros. Se somete a un control de laboratorio para verificar la composición del producto acabado y descartar todo riesgo de contaminación.
El hormigón se recicla muy bien y encuentra una segunda vida en las carreteras, donde se utiliza como subbase o para la nivelación. Cerca del 80 % del hormigón procedente del reciclaje se valoriza de esta manera. Una parte ínfima (alrededor del 2 %) puede destinarse a la fabricación de nuevos hormigones, si la calidad y la finura de los granos obtenidos lo permiten.